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| COMUNIDAD ESPECIALIZADA EN EL BIENESTAR DE LAS PERSONAS MAYORES
Bitácora del día a día de un viaje

Bitácora del día a día de un viaje imaginario, en un mundo formado solo por personas viejas y… ¿yo qué haría?

Por qué me planteo la pregunta ¿yo que haría?, porque es una ruta que aún no conocemos mucho, no sabemos qué tipo de barco es, ni cómo se maneja; tenemos un pasajero nuevo, que simplemente se monta y ya, saca de su confort o baja al que él quiere, por esto debemos estar vigilantes para que no se nos filtre y nos deje llegar en paz y sanos a cada uno de los destinos.

Primero ubicaría en el mapa el lugar donde estoy, esto marca la gran diferencia de cómo debo navegar.

Segundo, ya debo conocer quién vive ese viaje de forma permanente.

Tercero, debo saber quiénes manejan y direccionan ese viaje.

La primera diferencia, dependiendo de donde se ubique este barco, me da a conocer cómo conviven quienes están de pasajeros, esto porque no es lo mismo quienes van en literas de primera clase, con baños individuales, y los que viajan varios en un mismo cubículo y comparten baño y todos los servicios. Ya esto nos marca la diferencia en los cuidados que debemos tener para llegar a final del viaje.

La segunda diferencia nos habla de cada una de las personas que viven esta aventura, sus antecedentes o pasados, sus diagnósticos, acompañantes que funcionan como unos equipajes pesados o livianos, dependiendo de cómo se vivió, muy importante es saber si al emprender el viaje, los acompañaron o fueron simplemente rescatados.

La tercera y quizás la que puede generar más diferencia, es quiénes manejan y sostienen el barco en la ruta adecuada; son aquellas personas que bajan y suben en cada puerto, cada día, de ellos debemos saber cómo llegaron al puerto, con quién comparten su vida en tierra y si están entendiendo el riesgo de no llevar la misma ruta de este viaje.

Ahora sí ubiquémonos:

ESTILO DE HOSPEDAJE

Vivienda de estratos 1, 2, 3, 4, son aquellas donde las habitaciones y los baños, así como las áreas de comedor, son compartidas y manejan los mismos horarios, estas se consideran de mayor riesgo por la densidad de la población.

En estas viviendas es de mayor dificultad la consecución de elementos protectores para los empleados y el nivel del aseo es más deficiente, sus construcciones son muy pequeñas y de características elementales.

¿Yo que haría?

Lavaría todas las formas de cortinas o protectores de ventanas.

Desinfectaría la entrada dos veces al día, con amonio cuaternario, no utilizaría hipoclorito, ya que este oxida los elementos metálicos, y no utilizaría alcohol ya que las diluciones son muy pequeñas y saldría más oneroso. El amonio cuaternario cumple con los requisitos y su dilución de 5cc por litro, proporciona mayor rendimiento y es menos toxico.

Retiraría cualquier forma de tapete, incluidos los de los baños.

No utilizaría mantelería, pero haría desinfección antes y después de cada comida.

Partiría en dos o tres turnos la alimentación, esto para solo tener dos, máximo tres ocupantes por mesa, según la forma de esta: dos si es cuadrada y tres si es redonda.

Desinfectaría las sillas antes y después de cada utilización.

Desinfectaría los elementos de recreación antes y después de cada utilización.

Los pisos los desinfectaría dos o tres veces al día, según el nivel de deambulación del personal por las áreas de desplazamiento.

Las sillas de ruedas en estas viviendas generalmente son de múltiple utilización por los usuarios, por lo que antes de cada utilización y después de ella, las desinfectaría en su totalidad.

Los baños son quizás una de las áreas de mayor contaminación; es donde cada día se asean los viajeros, utilizan los sanitarios, sin horarios y en muchos barcos, los bañan en conjunto.

En este lugar se utilizarían de forma obligatoria elementos de desinfección como el alcohol o el amonio cuaternario, se debe hacer un aseo previo a la utilización de las duchas y secarlas y de nuevo desinfectarlas, después de terminados los baños de las personas.

Las toallas las lavaría diario y secaría a temperaturas altas y deben ser individuales.

Los sanitarios los mantendría desinfectados. Sé que es difícil, pero lo ideal y debe ser así, es después de cada utilización. Aunque en el día a día no se deben utilizar las pastillas de cloro por los elementos plásticos de estos, en este viaje sí, se deberían poner estas pastillas para que limpien en cada enjuague la tasa del sanitario.

La cocina: este espacio sí que es importante y el de más alto riesgo. A este espacio entran en el día a día mercancías de cada puerto, sin saber cómo fue manejada en su lugar de origen.

Cada rincón de este espacio lo desinfectaría al empezar el día y después de cada preparación de los alimentos.

Los alimentos siempre los desinfectaría al llegar, comenzando por los empaques, los cuales deben ser desinfectados antes de entrar o sea en la puerta donde se reciben. Las personas que salen a recibirlos deben tener guantes, mascarilla y gorro, deben guardar la distancia de quien los entrega, no recibiría nada directo en las manos, todo debe dejarse en un lugar asignado para esto.

Se le exigiría al proveedor que los mande con doble empaque o bolsa.

Los empaques los desinfectaría con amonio cuaternario o alcohol, si son de plástico; si son de papel solo con amonio cuaternario. Al terminar la desinfección, se retiraría el primer empaque y se desinfectaría el segundo, para ingresarlo, pero solo después de 20 minutos de estar en el proceso de desinfección.

Después de ingresar, las bolsas o empaques los botaría, siempre volteando las bolsas o cajas en las cuales llegan los productos.

Cada producto lo desinfectaría antes de guardarse, utilizando el amonio en los que permanecerán empacados, y con jabón los elementos de consumo directo. El jabón debe ser diluido al 50% y luego se deben secar, en lo posible con toallas de papel.

Los elementos de aseo de las cocinas los lavaría y desinfectaría dos veces al día.

En las viviendas estrato 5 y 6, aplicar los procesos anteriores puede ser más fácil, desde lo económico y cultural, aunque acá dependemos de quién administra o de sus dueños.

Generalmente las habitaciones y los baños son independientes, por lo que los desinfectaría solo dos veces al día.

Los elementos de aseo son personales, por lo que solo los desinfectaría cuando lleguen por primera vez.

Las sillas de ruedas, caminadores, solo los desinfectarían una vez al comenzar el día y en la noche al terminar la jornada, igual utilizaría solo el amonio cuaternario.

Todos los elementos que lleguen del exterior para cada uno de los viajeros, los desinfectaría con el mismo proceso que describí en los alimentos de las demás viviendas.

Les exigiría a las familias que los manden en doble empaque y con mensajería que cumpla con todas las exigencias actuales.

En los comedores, haría la misma selección de dos a máximo tres personas, o en su defecto, los alimentaría de forma cómoda en las habitaciones.

Todas las medidas que realizaría en las viviendas anteriores, en la recepción de alimentos o medicamentos o los elementos de mercado, los aplicaría en estas viviendas de estratos más altos.

Desinfectaría y lavaría las cortinas y retiraría los tapetes, los cuales no dejaría tener, ni en los mejores viajes.

En estas viviendas, se han puesto de moda apartamentos para viejos más independientes; estos tienen edificaciones tipo apartamentos y cada uno entre comillas, es dueño de su espacio. No por esto dejaría al libre albedrío la aplicación de las medidas. Sobre todo, en espacios comunes como los ascensores, las zonas de recreo o comedores especiales.

Lo primero, compraría una bomba fumigadora como la de los cultivos o jardineros y la llenaría de amonio cuaternario, según la dilución exigida y pasaría por todos los lugares desinfectando, dos veces al día.

Como ven, sería igual de exigente con todos los espacios, sin diferencia de tipos de pasajeros, ni de edificaciones. Estamos viajando con unos pasajeros especiales que deben llegar a sus destinos cuando cada uno quiera bajarse del barco.

ESTILO DE PERSONAS

Desde que ingresan las personas que van en el viaje, se debe conocer toda su historia de vida.

¿Y yo que haría?

Diferenciaría por enfermedades o diagnósticos y por tratamientos.

Los viajeros que tienen enfermedades que han demostrado mayor riesgo a la exposición del polizón, los mantendría en mayor vigilancia y los apartaría más de los demás.

Los diabéticos, los hipertensos, los que tienen hipotiroidismo, los que tienen enfermedades autoinmunes u oncológicas, los que tienen insuficiencia cardiaca, EPOC, o cualquier otra alteración cardiovascular y pulmonar, solo los desplazaría de sus dormitorios, durante 20 minutos en la mañana y 20 en la tarde, trataría de que caminaran lo más aislados posible.

Sé que serían el 80% de los pasajeros, pero trataría de mantenerlos con actividades más individualizadas, esto se podría lograr más en las viviendas de estratos más altos. Sé que en las de mayor dificultad económica o del estado, es casi imposible y llevaría a riesgos de abandono intrainstitucional, con las consecuencias ya conocidas como escaras, depresiones, aumento de los medicamentos, etc.

Si los pasajeros de estos barcos están bien aislados del exterior, relajaría un poco las medidas de aislamiento interno, pero fortalecería las actividades físicas, las tomas de sol y los juegos de participación, según su condición cognitiva.

Dentro de los riesgos de viajar lejos de todos los seres queridos, fortalecería las comunicaciones virtuales con el exterior, llamaría a los hijos, nietos y amigos, haría reuniones virtuales con las familias, de forma que ellos los vean y se baje la angustia y el pánico existente frente a la pérdida de seres queridos.

Evitaría las noticias y los comentarios del pasajero aquel, dañino y desconocido, así mermaría los estados de angustia y las depresiones, como el pánico social y personal.

Un tema que parece muy superficial es el de la presentación personal. En esta situación es donde más haría énfasis sobre el arreglo de cada uno de los viajeros, los mantendría en estado de fiesta, así no les hagan visitas y nadie nos vigile, precisamente por esto, porque fomentaría mucho al ser como persona.

Trabajaría mucho con las fotos familiares y los recuerdos.

Fortalecería el hecho de que tener un diagnóstico, no es estar enfermo.

Observaría mucho los cambios que se puedan presentar en ellos: recordemos que las personas viejas no manifiestan las enfermedades con los síntomas característicos como las más jóvenes.

Por ejemplo. No hacen temperaturas altas o fiebre, no manifiestan dolores claros y se pueden presentar solo de forma neurológica.

Con cualquier cambio de comportamiento, somnolencia, hipotermia, “desgano”, dificultad para la marcha, desubicación temporoespacial, entraría en fase de evaluación inmediata y aislamiento total.

El aislamiento yo lo complementaría con separación del personal que lo atiende, elementos de aseo y alimentación aparte, al igual que su ropa personal y de cama.

Comenzaría haciendo el examen físico y de laboratorio dentro de los cuales es obligatorio, el examen específico para este contagio y el análisis de contactos y rutinas de los últimos 7 días.

Si la causa de estos cambios no es producida por este pasajero raro que ya le pusimos nombre y sabemos solo que se llama Covid, terminaríamos el aislamiento y continuaríamos el tratamiento pertinente de su enfermedad.

Si es producida por Covid:

Entraríamos de inmediato a dar un informe a la secretaría de salud pertinente.

Analizaría de forma obligatoria, a las personas involucradas con este viajero en los últimos 7 días y en general a todas las persona que laboran en este lugar.

El aislamiento lo aumentaría a cortinas plásticas en la entrada a la habitación.

Tendría ropa desechable, guantes y tapabocas para el personal asignado, para la entrada y salida de esta habitación, incluyendo calzado y gorro.

Y dependiendo de la gravedad del cuadro, haría una evaluación de si su manejo puede ser realizado en la vivienda o si lo trasladaríamos a un centro especializado.

Cuando este pasajero viaja de forma individual, el aislamiento es más fácil, pero cuando está en viaje comunitario, éste se hace más difícil. Por lo que tendría comunicación constante con la seccional de salud o la secretaría según la necesidad.

Debemos saber que muchos pueden fallecer y se cree que más o menos en el 40% de estos no se realizó el diagnóstico de forma acertada y oportuna.

QUIÉNES TRABAJAN CONMIGO

Para mí lo más importante es no tanto tener que llegar a diagnosticar, si no prevenir. Evitar que este pasajero llamado Covid, se nos cuele.

¿Y por dónde entra? Por la puerta de la calle. ¿Y quién lo entra? Todos lo que manejan este barco.

¿Y yo qué haría?

No solo sabría de los empleados las hojas de vida, sino que estudiaría sus estilos de vida; esto no solo lo recomiendo en las crisis, si no en el día a día.

Sabría con quién vive, si hay niños o adultos mayores.

En qué barrio. Si en la comunidad cumplen con las exigencias de aislamiento y de aseo de las zonas comunes.

Condiciones de la vivienda, como son los baños, cuántos duermen por cama, si tienen servicios públicos o si el agua es comunal o recogida.

Si varios de la vivienda salen a trabajar y dónde lo hacen, si donde lo hacen cumplen con las medidas de bioseguridad.

Averiguaría los diferentes hábitos de alimentación, aseo dentro de la vivienda y si realizan lavados diarios de la ropa de calle.

El medio de transporte para mí sería lo de mayor exigencia, si utilizan transporte público que cumpla las medidas de seguridad, si tienen quien los transporte y si éste cumple con las medidas de protección; si llegan a pie o en transporte particular.

Si llegan en transporte particular éste debería ser desinfectado antes de montarse en él y cuando regresen a la casa. Lo ideal sería tener una persona que lo desinfecte con el amonio cuaternario en su exterior e interior para evitar la contaminación de su paso por las calles y del contacto con transeúntes.

Ya cuando lleguen, según la vivienda, haría lo siguiente: en las de bajos recursos adaptaría una especie de vestidor antes de entrar, o inmediatamente se entra. Éste lo haría con una tubería de pvc o aluminio y pondría una cortina plástica, donde me cambiaría por ropa de trabajo, entonces, ¿si me contamino con la que llegó antes? No, porque cada persona que se cambie desinfectaría antes de entrar y desinfectaría al terminar de cambiarse y la ropa de la calle debería entrar en bolsa plástica al igual que los zapatos y el morral o bolso.

Donde se tienen porterías o recepciones, asignaría un espacio para esta misma labor; acá si trataría de que no entrara la ropa, ni los zapatos, ni el morral o bolso. Adaptaría los locker, si ya se tienen, los cambiaría de lugar.

Inmediatamente salimos de este cubículo, deberíamos aplicarnos la dilución de amonio o de alcohol en nuestro cuerpo y ponernos el tapa bocas, guantes y gorro que guarde todo el pelo.

Los tapa bocas pueden ser los hospitalarios, ya que estos cumplen con lo necesario para este tipo de convivencia; si son de tela, deben cumplir con toda la normatividad que se exige desde el IMVIMA.

Yo siempre he dicho que el que gasta en centavos, pierde en pesos, claro que el que no cuida el peso, pierde en futuro. Me refiero a que por más dificultades económicas o por más que queramos ahorrar, solo le estamos abriendo la puerta a ese pasajero llamado Covid.

A cada uno de mis compañeros le tomaría la temperatura antes de comenzar el viaje del día a día y le pondría un papel donde le preguntaría si alguien cercano ha estado enfermo o cerca de su vivienda, ¿diario? Sí.

Les realizaría prueba de laboratorio cada semana si llegan a turnos, incluida la de Covid y PCR.

Solo así podría manejar una escala epidemiológica, en el caso de presentarse algún enfermo dentro de este barco.

¿Qué preferiría yo?, que mis compañeros no salieran diario, que trataran de estar varios días de turno, ¿cómo lo haría? Los de día descansarían normalmente de noche y los de la noche repararían el sueño en el día. Si se despiertan no trabajarían, les tendría actividades especiales para ellos y fomentaría la comunicación con sus familiares.

Si cuento con la facilidad de tener un servicio hotelero cerquita, que esté dentro de los nuevos programas, los enviaría cada dos noches o tres, a este lugar de descanso.

Para los acompañantes permanentes o cuidadores individuales, le pediría a las familias que los dejen durante ocho días de turno y les daría dos o tres días de descanso o alternaría dos cuidadores, uno cada semana.

No entraría nadie extraño, ni ningún familiar, ni siquiera dejaría en caso de enfermedad, ni gravedad; cualquier persona que entre por dramática que sea la situación del viajero, es una persona que trae mínimo 14 contactos anteriores. Por esto sería tan exigente con el personal y compañeros de aventura de este viaje desconocido.

Solo en caso final o agonía, dejaría que entrara una persona y con todas las medidas del caso. Si este viajero se baja de este barco, entrarían los de la funeraria y saldrían con él para cremación.

Después de esto desinfectaría la habitación de forma exhaustiva y no dejaría que retiraran nada hasta que termine este viaje forzoso que hemos emprendido.

Nada de lo que hagamos de más, sobra; pero todo lo que dejemos de hacer, por mínimo que sea, hará falta.

Estamos viajando con unos pasajeros que adora este personaje llamado Covid, no sabemos mucho de él, ni de lo que hace, pero sí sabemos que no dejarlo entrar, es evitar que las personas salgan de este viaje a bordo de este barco.

 

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Autora: María Francisca Echeverri Harry
– MD Internista. Geriatra

Asesora de envejecimiento y vejez

[email protected]

Celular 3146794554

Hogares Mayorvida para el adulto mayor

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